Costos de calidad, costos hundidos y certificaciones

Costo

Artículo escrito para la Revista Cáñamo

Federico y sus amigos llevan años fumando marihuana. Como nadie nace enseñado en esta vida, en sus inicios ellos, al igual que cualquiera, no sabían prácticamente nada de esa planta. Aparte claro está, de que les gustaba la sensación que en ellos despertaba su consumo.

Conforme fue pasando el tiempo, aprendieron a distinguir entre distintos camellos y distintas hierbas, empezando a valorar más o menos de manera acertada la calidad de los aromas, la presentación o el colocón que brindaban. El interés por esas cualidades fue poco a poco a más y un día, Federico decidió, porque le hacía gracia la idea, plantar en su casa un par de plantas para conocer mejor sus atributos.

Lo que para sus amigos comenzó siendo mini-aventura de broma, para Federico se convirtió en una nueva pasión que le fue transformando a pasos agigantados en un friki que devoraba y devoraba todas las revistas y libros que encontraba sobre jardinería cannábica. Cuando quisieron darse cuenta, Federico y sus amigos ya estaban autoabasteciéndose sin recurrir a viejos camellos a los que no echaban de menos.

Con la nueva maña de que disponía ahora Federico, sumado el compañerismo y a los ahorros que tenían entre todos, pronto decidieron compartir sus experiencias con el resto del mundo dando el gran paso de montar un club social de cannabis.

Un mercado de limones
En el cultivo, Federico y sus amigos le ponen más horas de mimo a unas variedades que a otras porque su producción lo exige. Para los potenciales socios, eso significa que las aportaciones monetarias al cultivo que deben hacer para obtener las variedades más trabajadas serán superiores al resto, ya que la producción así lo requiere para ser sufragada correctamente. Sin embargo, y como destacó George Akerlof (premio Nobel de economía) en su clásico artículo “A market of lemons”, ocurre que se da el escenario en el que ciertos dispensadores pícaros de otros clubs, aprovechándose de la ignorancia de sus socios, deciden falsear los costes de ciertas marihuanas como si fuesen “supuestamente más elaboradas” con fines impropios de una organización asociativa. Luego de un tiempo y al percatarse de esta práctica, los socios, temerosos de adquirir mala marihuana a costes inflados, deciden adquirir siempre y en todos los clubs variedades cuyas aportaciones son las más pequeñas para evitar ser estafados.

La clave para que esto pueda ocurrir, según Akerlof, es la asimetría de información que existe entre productores y consumidores. O en otras palabras: los productores saben mucho más sobre la marihuana que poseen que los consumidores y pueden utilizar este conocimiento para falsear las aportaciones necesarias para costearla. Lo demás, viene cuando se descubre el pastel.

Aunque ellos saben que lo que cultivan es de calidad y que las aportaciones que piden están más que justificadas, son conscientes de las dudas que existen entre los pobres socios a los que les ha tocado un escenario de gente ruín. Federico y sus amigos no quieren dejar de cultivar determinados tipos de hierba que precisen más costes porque un puñado de dispensadores corruptos hayan engañado a unos socios receptivos a esas variedades.

Ganándose a los socios
¿Qué convierte una marihuana o un hachís elaborados en merecedores de una aportación cuantiosa? Simplemente, siendo dispensados en un entorno en el que se haya invertido en cosas que indiquen que, de no ser manufacturas de calidad, esas inversiones se convertirían en esfuerzos infructuosos e irrecuperable tirados por el desagüe. A estos costes incurridos en el pasado y que no pueden ser recuperados se les denomina “costos hundidos”.
Incurrir en costos hundidos no es la única manera de señalar una buena calidad. Otra forma, sería obtener una certificación de terceras personas especializadas que, habiendo llegado previamente a un consenso sobre las características mínimas deseables que debe tener el producto, audite la marihuana y acredite que posee una calidad determinada.

Ejemplos de costos hundidos y certificaciones en los que Federico y sus amigos pueden incurrir actualmente serían:

  • 1.- Reputación

La confianza es algo clave no sólo para cualquier club que quiera construir una familia de socios duradera, sino para toda persona que, por ejemplo,  desee una relación de amistad o amorosa perdurable. En general, las relaciones humanas se construyen en parte gracias a este vínculo irrecuperable o difícilmente recuperable. La confianza hay que ganársela cada día con trabajo y dedicación, pero se puede perder, como costo hundido que es, de un plumazo.

  • 2.- Buena presencia del local

El local es la imagen del club que entra por los ojos al socio. Esa imagen puede significar no solamente calidad, sino muchas otras cosas: Orden y seriedad o descuido y cachondeo, excesos y desentendimiento de la ley o modestia y activismo, o, finalmente, entornos diversos que pueden ir desde un ambiente más familiar a uno más cañero, reagge, punk, gangsta o artístico además de tantos y tantos otros.

Si sumamos a un local limpio y con una imagen deseable una durabilidad en el tiempo tendremos un escaparate adecuado para mostrar confianza al socio.
Y sí, por último, la imagen del local pudiera mejorarse con empleados visiblemente formados en prevención de riesgos, mostrando que se trabaja codo con codo con profesionales que luchan por la causa (como abogados activistas) o con otros grupos organizados tales como federaciones (que van desde la FAC a nivel nacional a otras más regionales como la CATFAC, la EUSFAC, la FEDCAC…), disponiendo de servicios de asesoramiento terapéuticos al alcance de los socios dirigidos por profesionales o exponiendo las donaciones realizadas a sociedades que trabajen investigando en el sector (por ejemplo ICEERS), la seriedad del establecimiento acabaría resultando apabullante.

  • 3.- Certificaciones de calidad

Aún si el socio después de todo no se fiase de los dispensadores, bien podrían fiarse de otras instituciones de comprobada respetabilidad que auditen y avalen las diferentes marihuanas. Actualmente, algunos clubs han optado por utilizar auditadores como Energy Control que ofrecen un servicio de análisis que permite desde descartar adulteraciones, pesticidas y metales pesados a cuantificar el porcentaje de THC, CBD y CBN.
A su vez, la institución que ponemos por ejemplo ha sido galardonada (y esto lo enlazo con el siguiente punto) con los premios Reina Sofía 2014 y Prevención Europea 2010 entre otros.

  • 4.- Premios

El premio no sólo es una garantía de buena calidad en el producto, sino que demuestra, además de unas variables mínimas deseables, una superioridad sobre el resto de participantes que señala una buena marihuana al margen de la imagen que transmitan los dispensadores. En lugar de ello, el socio puede optar entonces, igual que en el caso de los certificadores privados, por fiarse de la institución que ha otorgado dicho galardón.

Recientemente, una muestra de premio a nivel nacional (entre los que también figurarían la Social Clubs Cannabis Cup o los Premios Spannabis) sería la celebración anual de la Biocannabis Cup. Una celebración de carácter internacional entre productores que compiten entre sí para obtener una condecoración en la que, para de entrada poder optar, deben haber demostrado previamente una producción de carácter “Bio” (una producción que incluiría, por ejemplo, el no uso de químicos). El evento se enmarca en una fiesta en la que el respeto al medio ambiente, la tolerancia entre los distintos profesionales del gremio y un jurado formado por eminencias como Mr. Nice o Shantibaba lo convierten, a través de su divulgación audiovisual, en una referencia que el socio puede consultar para asegurar la óptima calidad de la marihuana.

Libertad y buenos humos

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