“Simplemente di no a las drogas”

Just Say NoArtículo escrito para la Revista Cáñamo

Aunque el capítulo se titula “Educación contra las drogas: El culto a la desinformación sobre drogas”, me ha parecido más apropiado empezar con el eslogan aún famosísimo de Nancy Reagan: “just say no”, traducido al español como “simplemente di no (a las drogas)”.

El anuncio mencionado, representa sin duda al 100% el espíritu de éste capítulo. Estudiaremos en él toda una serie propagandas absurdas y sus consecuencias igualmente desacertadas que buscarán funcionar como si de un “conjuro ritual” se tratasen, apelando a generalizaciones de reduccionismos concretos en lugar de a la racionalidad. No en vano, Thomas señala el mensaje de Nancy como “sencillamente necio, en los dos sentidos de esta palabra: carece de sentido del humor y es estúpido, porque no informa sobre qué drogas, en qué dosis y bajo cuáles circunstancias uno debe rechazar”.

Veremos como políticos falsamente tildados de amantes de la libertad como Ronald Reagan o George Bush padre intentarán, entre otros disparates totalitarios, romper con cierto éxito los lazos que procuran lealtad entre los miembros de instituciones familiares y comunitarias reemplazandolas por obediencia a los agentes del Estado. Todo, para elevar el rol terapéutico del Estado a la categoría de cruzada moral papal y redimirnos del pecado perverso del consumo de drogas. Sin duda, el capítulo con el que más me he reído.

  • Las drogas: un pretexto para subvertir las lealtades familiares y comunitarias

Cuando en 1979 Ronald Reagan fue investido presidente, la política, igual que ahora, estaba llena de clichés. Él y su esposa eran los grandes conservadores; representaban la moralidad, la tradición y los valores familiares. Mientras tanto, los liberales (entendiendo liberales en el sentido anglosajón, a saber: progresistas) resultaban ser una especie de bohemios vividores sin responsabilidad por el prójimo. Según Szasz: “Los liberales eran hippies que habían fumado marihuana, incitado a sus novias a practicar abortos y descuidado a sus hijos”.

Aunque a Reagan se le dibujase como al buen conservador preocupado por tener un gobierno más limitado y como un padre de familia modélico, su primera dama bien se acabaría encargando de cultivar en la imagen de ambos una de las más grandes y despreciables prácticas de los grandes estados totalitarios del siglo XX: volver a los hijos contra sus padres destruyendo la autoridad paterna/materna y sustituyendola por la figura diligente de Papa-Estado. Nancy dedicó buena parte de su vida en su cruzada contra las drogas; los detalles de la misma son extensos y, aún pudiendo tener cierto interés, algunas historias resultan más visibles que una mera enumeración de actos generales si queremos ilustrar la suplantación mencionada del padre por el Estado.

Por ello, os ofrezco la que facilita Thomas: “En agosto de 1986, tras escuchar una disertación contra las drogas, Deanna Young, una <<joven

estudiante de segunda enseñanza, rubia y de ojos azules, entró en la comisaría de policía llevando un cubo de basura que contenía una onza de cocaína y pequeñas cantidades de marihuana y píldoras.A la salida del sol, su padre y su madre fueron arrestados y encarcelados>>¹. La señora Reagan se apresuró a felicitar a la señorita Young. <<Tiene que querer muchísimo a sus padres>>, dijo a la prensa. ¿Un poco Orwelliano, no? En el libro se comenta además que el patriotismo en la historia de la señorita Young acabó despertando el interés de Hollywood. Una de las numerosas productoras interesadas atribuyó el alto interés a que invertía la trama habitual: “La situación normal es que los padres traten de alejar a los jóvenes de las drogas.”²
“Gracias a Nancy Reagan, el que los padres denunciaran a sus hijos a la policia es ya un hecho normal en la familia americana de la década de los 80.” Thomas Szasz

Pudiendo escoger entre otras diferentes historias que Szasz nos ofrece, he querido finalizar esta parte del capítulo con un fragmento de William Bennett (jefe federal en asuntos de drogas durante la administración de Bush padre) que ilustra que las instituciones familiares no fueron las únicas cuya funcionalidad querían alterar las administraciones de Reagan y Bush, había llegado el momento de inmiscuirse también en los lazos de amistad y la lealtad entre amigos.

William Bennett a los estudiantes de enseñanza secundaria de Miami: “No es un soplo delatar ante un adulto a uno de vuestros amigos que consume drogas y necesita ayuda. Es un acto de verdadera lealtad, de verdadera amistad”.

  • Los frutos de la desinformación farmacológica

“Simplemente di no a las drogas”, como hemos comentado antes, no educa dando información, simplemente resulta ser una orden con cierto gancho. Tampoco otros anuncios famosos de la época, como cierto anuncio famoso en el que aparecía una imagen de un huevo friéndose y el mensaje “Éste es tu cerebro con drogas”, cumplían finalidad educativa alguna. Si el gobierno realmente quisiese educar a sus jóvenes (al margen de que deba hacerlo o no), debería ser capaz de hablar con datos honestos entorno al consumo de cada droga en cada situación concreta.

Analizando análogamente la comida, otro bien que ingerimos con riesgos intrínsecos a su consumo, a saber: qué cantidad comer de cada cosa, cómo cocinar la comida, qué alimentos tienen componentes dañinos y en qué medida lo son, no aceptariamos, en principio, otra educación a nuestros hijos que una que no fuese veraz, con datos relativos a cantidades, edad, peso y otras características. Imaginemos un anuncio que, con la excusa de hacer el “bien” a nuestros hijos, dijese: “Simplemente di no a las chucherías”. Si bien puede ser cierto que un consumo excesivo de dulces puede tener efectos nocivos en el cuerpo en el medio o largo plazo, ¿considerariamos que el gobierno con este anuncio está educando a nuestros hijos o más bien que les está ordenando dogmaticamente no hacer algo?

A no ser que se presuma que el resultado de cualquier ingesta de drogas en cualquier caso resulta lo suficientemente catastrófica, advertir haciendo una negación absoluta, igual que en el caso de las chucherías, equivale a desinformar entorno a una parcela de la vida en la que lo mejor es estar prevenidos. No estoy diciendo con esto que los burócratas y políticos tengan que capitanear esta (o ninguna otra) parcela de la educación; la familia primero y los centros educativos o entidades especializadas en segundo lugar, pueden ofrecer un abanico de posibilidades de seguro con mejores incentivos hacia los jóvenes que los que tiene un burócrata. Al fin y al cabo ¿quién tiene más motivos para estar preocupado por la salud de los más pequeños, la familia y los amigos o los políticos y burócratas?

Al final, la educación que escogen los políticos ha resultado ser la propaganda venenosa que les permitimos inculcar a los niños:

“Bajo el pretexto de proteger a nuestros hijos de drogas venenosas, llenamos sistemáticamente sus mentes con ideas venenosas, y llamamos a eso “educación”. El eslogan “Simplemente di no a las drogas” no educa impartiendo información; da una orden reiterando una frase con gancho. Naturalmente, los niños no deben consumir crack.Tampoco deben matar gente, pero no llamamos al mensaje que así lo ordena “educación sobre asesinatos”.

Libertad y buenos humos

  • ¹ Drug lecture prompts girl to turn parents in to police, Post- Standard, Syracuse, Nueva York, 15 de agosto de 1986

 

  • ² Hollywood seeks girl who turned in parents, New York Times, 20 de agosto de 1986
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