La fábula de las abejas versus modelo médico

Artículo escrito para la Revista Cáñamo


Como todos los consumidores sabemos de primera mano o sospechamos, el mundo de las drogas tiene particularidades dignas de comentarse con gente de confianza. Anécdotas en forma de historias personales a las que, si nos paramos a reflexionar, les podríamos dar muchas lecturas, desde pensar la forma en la que podemos conseguir la droga o cómo ésta llega hasta ahí, a intuir quien saca tajada de todo ello o incluso a percibir que intereses particulares pueden existir entre las diferentes personas que ocupan su tiempo entorno a estas substancias.

Thomas deja caer, en menos tres páginas, una explicación de cómo el “marco institucional médico”, con sus políticas prohibicionistas y estigmatizadoras, deforma las relaciones entre los distintos individuos dando lugar a prácticas diferentes y como éstas  significan un retroceso perjudicial para toda la sociedad.

El argumento principal es que, en nuestro propio comportamiento y debido a que los seres humanos no somos agentes ajenos resto de seres humanos ya que nos unen toda clase de intereses propios que nos empujan a interaccionar, la experiencia que adquiramos de otros individuos y de nosotros mismos acaba, de alguna forma, revelándonos opciones más correctas que otras en un proceso acumulado de prueba y error. Esto no es algo dado, tampoco significa que en ese proceso de prueba y error siempre vayamos a descubrir las mejores conductas, (no somos perfectos interpretando información) pero resulta una herramienta de autocontrol bastante efectiva a la que hacer uso para vivir nuestro día a día. Es decir, que cuando, por ejemplo, adquirimos droga por primera vez  y la consumimos, iniciamos un proceso en el que comenzamos a hacernos dueños de un montón de conocimientos que antes no poseíamos: conocemos un precio, una calidad, el trato personal con la persona que nos vende esa droga, cómo hemos de tomar esa droga…

  • ¿Qué ocurre cuando, por razones médicas u otra índole, acabamos con ese aprendizaje mediante una prohibición?

Vamos a poner un ejemplo sencillo. Actualmente sabemos, en mayor o menor grado, cómo comportarnos con otra droga en una situación legal muy favorecedora: el vino. En nuestra cultura, sabemos que podemos tomarnos una o dos copitas a la hora de comer, conocemos el límite al que podemos llegar bebiendo vino sin estar severamente afectados, entendemos que las personas que beben vino no tienen por qué estar autodestruyendo su salud  e incluso tenemos una carrera universitaria que estudia

íntegramente las características de producirlo (enología).  Esa información cultural acumulada gracias a un proceso enorme de prueba y error nos permite tener todos estos conocimientos, unos conocimientos que de bien seguro significaron un montón de errores que permitieron descartar las conductas que mostraron ser equivocadas.

Ahora imaginad que nunca hubieseis visto ni escuchado hablar del vino. ¿Cómo sabríais en que momentos tomarlo, hasta donde podéis llegar, que efectos os va a producir o si es fiable su elaboración?  Esa idea es la que, creo que muy por encima, expone Szasz cuando acude al influyente poema de Bernard de Mandeville “La fábula de las abejas”.

La estrecha conexión que tendemos ahora a formular entre suicidio y asesinato, entre abuso de drogas como daño hecho a sí mismo y daño hecho a otros, es una manifestación de lo que a menudo se llama el «modelo médico»: la consideración de la conducta —especialmente de la conducta socialmente perturbadora— como si fuera una enfermedad o producto de una enfermedad.”

Por más que nos ocultemos a nosotros mismos la amarga verdad sobre la influencia de nuestra perspectiva social en la conducta, tendremos que redescubrirla o perecer. Una dolorosa enseñanza a través de la experiencia colectiva parece ser un rasgo característico del libre mercado y de la casi reflexiva revuelta humana contra él, nacida de una innata combinación de dependencia y paternalismo. Sin embargo, superar nuestra difícil situación con respecto al mercado de drogas requerirá justamente ese nuevo aprendizaje. En conexión con ello, consideren el esclarecedor título de la obra de Bernard de Mandeville La fábula de las abejas: o vicios privados, beneficios públicos, que hizo época.”

“…abolir el libre mercado —de drogas o de otros bienes y servicios considerados «peligrosos» o «pecaminosos»— invierte el proceso descrito por Mandeville. Reemplazando los esfuerzos personales dirigidos al autocontrol por leyes impersonales que coaccionan a otros, las leyes suntuarias que prohíben placeres privados crean un mecanismo que convierte las virtudes privadas en vicios públicos.

El marco institucional acaba definiendo los incentivos. Si el marco es la prohibición, tendremos una ignorancia más grande cuanto más efectiva sea esa prohibición entorno a la droga. No obstante, si el marco es la despenalización, tendremos unos conocimientos cada vez más ampliados conforme el proceso de prueba y error se profundice. Claro, esto no resulta fácil de asumir; en el proceso de prueba y error habrá errores, errores posiblemente dolorosos. Esos errores son riesgos que igualmente asumirán aquellos que se aventuren  en aquellas drogas prohibidas ¿Qué es preferible, un mundo donde conocimientos que rodean vicios privados  tales como consumir drogas y equivocarse con ellas queden en los círculos más o menos cerrados, o sean puestos rápidamente a disposición del resto en forma de beneficios públicos?

Deberíamos tener en cuenta que existen ciertos errores que hacen unos daños terribles, ya sea desde, por ejemplo, la compra de una droga adulterada, a un consumo que bien puede acabar con la vida de uno mismo. Si no tenemos la posibilidad de equivocarnos (o de que otros se equivoquen y podamos observar ese error) eligiendo entre diversos compradores o entre diferentes tipos de consumo ¿cómo nos protegeremos y protegeremos también a las personas que no desistan en la idea de consumir drogas? ¿No resulta más seguro poder escoger entre drogas de mejor calidad y conocer métodos de consumo más adecuados que una prohibición general?

Al final, quizá resulta que la dicotomía entre libertad y seguridad no es una opción en la que la libertad se disocie totalmente de la seguridad, pudiendo ser, gracias a ella, una fuente de seguridad.

Libertad y buenos humos

 

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