El derecho a las drogas como derecho de propiedad

Artículo escrito para la Revista Cáñamo

 

Drugs

En el primer artículo exploramos como, para Thomas Szasz, existe una presunción favorable a suponer que los seres humanos son dueños de sí mismos. Al prohibir las drogas, el prohibidor asume una parte del control del cuerpo de otra persona que, al verse privado de la posibilidad de tomar decisiones sobre el uso y disposición de su propio cuerpo pierde, en consecuencia, esa autopropiedad que justifica deseable a lo largo del primer capítulo de varias maneras. Entre las muchas referencias de otros autores que nos ofrece para justificar esa presunción, la que más bella me resulta es:

¿De quién es la propiedad de mi cuerpo? Probablemente es mía… Si experimento con él, ¿quién debe ser responsable? Yo, no el Estado. Si escojo imprudentemente, ¿muere el Estado?” Mark Twain.

Hoy, continuaré ofreciendo más argumentos entorno al derecho de propiedad sobre uno mismo (y por extensión, como veremos, a disponer eficazmente del acceso a las drogas) que hay en la siguiente gran sección del primer capítulo.

  • Capítulo I Sección: El derecho a las drogas como derecho de propiedad

Aunque Thomas era profesor de psiquiatría en la Universidad de Siracusa de Nueva York, sus conocimientos abarcan bastantes más áreas. Él es consciente que el derecho de propiedad (a la propiedad privada de un ser humano consigo mismo y con las drogas) está más que puesto en duda en algunas ideologías y sufre ataques de todo tipo. En su marcada búsqueda por entender las drogas desde un punto de vista más amplio que la psiquiatría, critica, de manera notable, la actitud de ciertos profesionales a no intentar ver bajo otras gafas teóricas la misma cuestión.

“Los psiquiatras ignoran esta conexión fundamental entre los productos químicos que llamamos «drogas» y la política, prefiriendo tratar el uso de drogas como si fuera tan sólo una cuestión de salud mental o psicopatológica, o —si la reconocen— tratan la relación con su habitual hostilidad a la libertad y a la propiedad.”

Me atrevo a pensar que por ese motivo hace a continuación la interesante comparación entre dos sabios: el primero y, según Thomas, genio menos conocido, es el filósofo, historiador y economista de la escuela austríaca Ludwig von Mises (cuyo actual máximo representante en España quizá sea Juan Ramón Rallo) y por otro lado, el neurólogo padre del psicoanálisis Sigmund Freud.

“Para exponer con ejemplos este punto yuxtapondré las opiniones sobre la libertad y la propiedad de dos de entre los más importantes pensadores de nuestra época: Ludwig von Mises y Sigmund Freud. Aunque ambos vivieron en Viena aproximadamente en la misma época, y apuntaron a algunas de las mismas cuestiones vitales, nunca he visto comparados sus juicios discrepantes, ni aplicados a nuestras actuales opiniones sobre drogas.

“Si somos dueños de nosotros mismos, tendremos derecho a las virtudes y riesgos que tienen las drogas…”

Los “juicios discrepantes” a los que apunta, se centran básicamente en el sistema económicoadecuado que promueva (o reconozca) la autopropiedad que ha justificado hasta llegar a este punto del libro.

la revolución en Rusia —a pesar de todos sus desagradables detalles— parece el mensaje de un futuro mejor.” Sigmund Freud 1917.

No me interesa ninguna crítica económica del sistema comunista; no puedo investigar si la abolición de la propiedad privada es posible o provechosa.” Declaraciones de Sigmund Freud

“Que la Sociedad sea buena o mala puede ser un asunto de juicio individual; pero quien prefiera la vida a la muerte, la felicidad al sufrimiento, el bienestar a la miseria, debe aceptar… sin limitación ni reserva, la propiedad privada de los medios de producción.” Socialismo, Ludwig von Mises

Es… ilegítimo considerar lo “económico” como una esfera definida de la acción humana que pueda delimitarse nítidamente de otras esferas de acción… El principio económico se aplica a toda acción humana.” Ludwig von Mises

Por un lado, Freud, aplaudía el establecimiento de la Unión Soviética pese a que no le interesaba demasiado si era posible o no la abolición de la propiedad privada. Por otro, Ludwig sostiene en su libro “Socialismo” que lo preferible es la “propiedad privada de los medios de producción.

Sin entrar en conjeturas sobre mi opinión personal en lo referente a la cuestión económica, a lo mejor llegados aquí os preguntáis ¿por qué añadir un análisis económico más amplio al estudio sobre el derecho o no a las drogas? y más aún, ¿por qué tener que escoger entre el sistema libre mercado y no uno más regulado si estamos hablando sólo de drogas?

…porque es un orden moral-legal que coloca el valor de la persona como individuo por encima de su valor como miembro de la comunidad. Ello está implícito en la idea de que quienes deseen disfrutar los beneficios del libre mercado deben asumir responsabilidad por sus acciones, y quedan obligados a responder de ellas; que atienden al principio de caveat emptor —no al estado paternalista— para protegerse de los riesgos inherentes al ejercicio de la libertad; y que entre los riesgos con los que deben vivir están aquellos asociados con las drogas y los tratamientos médicos.”

Una vez llegados a este punto y repasando todos los diferentes argumentos expuestos, podemos concluir que Thomas hace aproximadamente la siguiente lectura:

 

Si presumimos que somos dueños de nosotros mismos y elegimos, aunque nos asuste, las oportunidades que ofrece la libertad incluyendo la posibilidad cierta que a veces tendremos de equivocarnos con su inherente responsabilidad personal, seremos dueños de nosotros mismos, tendremos derecho a las virtudes y riesgos que tienen las drogas, y por lo tanto, habrá que aceptar las oportunidades y riesgos que ofrece el sistema de libre mercado contra el Estado protector paternalista.


Como conclusión final al sistema económico preferible que sea conforme a la libertad que otorga la autopropiedad y, por extensión, en nuestros derechos asociados con las drogas, Thomas apunta:

La propiedad privada es indispensable como base económica y precondición para un gobierno adaptado a la libertad. Utilizo esta expresión poco frecuente para recalcar que ningún gobierno está, o puede estar, comprometido con la libertad. Sólo el pueblo estarlo. Debido a su naturaleza misma, el gobierno tiene un velado interés en ampliar su libertad de acción, lo cual implica necesariamente reducir la libertad de los individuos.

En mi opinión, hace falta una explicación que se pueda visualizar de manera más obvia cuando hace la dicotomía “Estado paternalista o respeto a la propiedad privada”; comentar que el Estado no puede hacer absolutamente nada que no incluya invadir la propiedad de una persona, ya sea para financiarse a modo de impuestos, para dar una subvención, para prohibir y, en definitiva, para hacer cualquier cosa. Siempre hay una intromisión en cierto grado de nuestra propiedad.

Al final, la autopropiedad y el derecho a las drogas son elecciones con un trasfondo más grande y que deben ser estudiadas desde más enfoques teóricos que los que simplistamente suelen hacerse. Por eso ataca a Sigmund y a otros psiquiatras, porque ellos no lo hacen.

Aunque hay temas de esta sección del libro por resolver que hacen referencia a los distintos tipos de políticas de drogas que existen en Estados Unidos (a saber: criminalizadoras, legalizadoras y partidarias del libre mercado), por no considerar personalmente relevante su estudio para facilitar al lector información práctica a la hora de decidir sobre el estatus legal de las drogas, y también por descansar de tanta carga entorno a argumentos de carácter económico, he preferido dejar esta sección conclusa aquí.

En la siguiente entrada os resumiré la parte “La fábula de las abejas versus modelo médico” del capítulo 1.

Libertad y buenos humos

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